Volver al diálogo para salvar La Casa Invisible

Manifiesto

La democracia es una forma particular de gobierno de la ciudadanía, no reducible a los decisivos procesos electorales.
En las sociedades democráticas resulta natural que, permanentemente, se manifiesten conflictos y que una de sus señas de identidad sea precisamente la capacidad de afrontarlos y resolverlos. El diálogo y los acuerdos consensuados son los instrumentos más determinantes para la resolución de esos conflictos.
También, como señaló María Zambrano, se caracteriza por el diálogo en el espacio público. Se trata de evidenciar las diferencias acerca de los asuntos comunes mediante la exposición y el exponerse e interpelar individual y colectivamente. A medida que la democracia se profundiza y avanza, los discursos y las prácticas se hacen más densos y complejos. Se gana en calidad democrática por el acceso de la ciudadanía a la capacidad efectiva de poner a la vista tanto sus proyectos como la toma de decisiones.
Entonces sucede que la atmósfera de la ciudad adquiere una mayor densidad discursiva, ajena a lo unilateral. Se hace dialógica y transparente. Entonces, la democracia avanzada se convierte en una poética, lo que viene a significar que reina el sentido puro (frente a lo espurio) que permite a la ciudadanía estar y disponer en y sobre la ciudad como ensanchamiento de la razón normativa.
Sin embargo, la decisión municipal de proceder al desalojo y cierre de La Casa Invisible rompe drásticamente con el diálogo deseable, haciendo imposible el derecho a la ciudad de, al menos, una parte de sus habitantes. Además, convierte la violencia en la fórmula de gestión de las contradicciones. Por tanto, se rompe con la atmósfera poética que busca la sociedad. La ciudad pierde cualidades, voces, diversidad y colores.
Este enfoque violento queda fuera de la lógica y los contenidos del «modelo» Málaga-ciudad cultural. La Casa Invisible escapa a dicho «modelo», pero, sin duda alguna, forma parte tanto de la realidad cultural de nuestra ciudad como de su oferta cultural. Forma parte como «caso singular», puesto que está integrada por creadoras y creadores de todo tipo, que a su vez son ciudadanas. Este hecho quedó reconocido por el propio Ayuntamiento, precisamente en el documento que presentó para optar a la capitalidad cultural europea, y en el que La Casa Invisible fue incluida y celebrada como parte activa de la vida urbana.
Con miles de acciones y actos culturales celebrados a lo largo de quince años tiene carta de naturaleza entre la gente de Málaga. Su transcendencia es incluso mayor: ha sido apoyada por multitud de instituciones, entidades, colectivos, artistas e intelectuales de renombre, tanto nacionales como de rango internacional.
Por otra parte, observamos un cierto decaimiento de la oferta cultural de la ciudad, a lo que se une ahora este nuevo intento de desalojo violento de La Invisible. Todo ello revela el deterioro y la fragilidad del emergente mundo de la cultura y la creación de Málaga. El desalojo de La Invisible elimina la realidad cultural como expresión de compatibilidades, rompe la pluralidad, la diversidad y empobrece, ya que reduce la complejidad de lo hoy existente.
Ante todo ello, solicitamos la retirada de la orden de desalojo, la apertura de un nuevo diálogo y el apoyo definitivo al plan de rehabilitación del inmueble de la calle Nosquera de acuerdo con el proyecto presentado.

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